LOS GRIEGOS EN LA GUERRA (Desde el Siglo XII a. C. hasta las Conquistas de Alejandro en el Siglo IV a.c)

Las Fuentes históricas, arqueológicas y epigráficas

Sabemos que los griegos estaban acostumbrados a la guerra. A esa visión cosmopolita de sabiduría también hay que añadirle el carácter belicoso de sus gentes. En muchos casos, obligados por las circunstancias.

El ejemplo lo tenemos en Atenas, donde las crónicas indican que una media de dos de cada tres años se dedicaban a guerrear; sin olvidarnos de conflictos en menor escala, como saqueos y rapiñas terrenales, y asaltos de piratas por mar, muchos de ellos de organización estatal, para desestabilizar al enemigo.

La arqueología habla muy bien a las claras, a través de las ruinas que nos han dejado el terreno griego. La gran mayoría de monumentos religiosos e incluso de las fortificaciones y puestos de vigilancia, eran ofrendas para los vencedores.

La documentación epigráfica demuestra la visión del significado del pasado glorioso de los griegos, y la precariedad de tratados y armisticios, alargados durante décadas.





Los historiadores griegos de la época

Para los historiadores griegos, el dar énfasis a las gestas bélicas eran el 'deporte nacional': No existiría Heródoto y el tema unificador de sus nueve libros de Historia, que son las Guerras Médicas; ni tampoco la Guerra del Peloponeso de Tucídides; ni la epopeya de los "Mil Hombres" del Anábasis de Jenofonte.

La guerra en el sistema griego


En la vida cotidiana, la guerra es una preocupación constante para los ciudadanos: su participación era obligatoria. Cualquier hombre de diecinueve años entraba en el ejército hasta los cincuenta y nueve años –a excepción de los que se incluían en el ejército activo, que estaban hasta los cuarenta y nueve años–. Todo ello supervisado por las famosas asambleas populares. En la familia, se representan con frecuencia en los vasos áticos a los soldados. En la religión, cada una de las divinidades olímpicas tienen su función militar.

En los moralistas griegos, la ética consistía ante todo en el valor razonado que manifiesta tanto en su interior como en la lucha apasionada contra lo mezquino: La Hermosa Muerte.

A pesar de éste pensamiento belicista, la sociedad griega, obviamente, no es totalmente militarista, ya que sus actos no eran de violencia premeditada. Las guerras civiles o 'Stasis' son el claro ejemplo. El resultado de aquellos conflictos estaba visto por todos los bandos como algo trágico.

Sólo se le daba valor a los conflictos entre comunidades diferentes, sin llegar a ser incondicionalmente aceptadas. La guerra alocada, salvaje e inmoral , se consideraba desde luego como un escándalo de las normas de convivencia y de la justicia imperante de hombres y dioses.

La guerra contra los bárbaros


La gran diferencia es cuando se nombran a los 'bárbaros'. Estas guerras están consideradas justas por definición. Siempre con un componente épico y de justicia, y no significaban ningún deshonor por el derramamiento de sangre ni exigían ningún rito de purificación final del enemigo.

La dicotomía de Atenas, Esparta y el resto de polis


Otro de los errores es enfocar a todo el mundo griego como un foco de guerra. La documentación en su casi totalidad se centra en Atenas y Esparta, hasta la llegada de los macedonios. Estos dos territorios se vieron afectados por conflictos "imperialistas", a diferencia de la Grecia 'profunda', repartida en cientos y miles de pequeñas ciudades y pueblos.

Todos estos territorios vivían al margen, alejadas de la influencia de estas grandes polis griegas.

Las conclusiones del ecosistema bélico son muy parecidas en todos los escenarios: conflictos bélicos interregionales, enfocados en espacios reducidos, de corta duración. Al igual que el escenario de ultramar.

Todos estos actos no provocaban miserias a largo plazo, y se reparaban en periodos cortos. Como siempre, puede haber excepciones, y las alianzas provocaban más daño al oponente, pero hay que tener cuidado con las exageraciones.

La guerra en comparación de épocas


No se puede decir que la Grecia Arcaica fuera más belicosa que las demás. Esto ayuda a construir, junto con los reducidos conflictos posteriores, la realidad griega de la antigüedad, y a llegar a la conclusión de que estuvieran permanentemente en guerra.

Los sabios y la guerra


Se podría crear un bucle reiterativo entre los pensadores pacifistas, la opinión pública y en la obra de los teóricos. Desde Homero hasta el fin del mundo helenístico existen las corrientes de pensamiento que alaban la paz, en contrapartida con la abstinencia de la guerra.

Platón y Aristóteles ayudaron en gran medida a filosofar con este enfrentamiento en sus discursos, aunque nunca criticaran abiertamente a la guerra, mientras que en Esparta se observaba a la guerra con otros ojos.



Fortificación en la Isla griega de Paros, en el archipiélago de las Cícladas


La visión de los historiadores modernos


Reuniendo todas estas afirmaciones tan complejas, el historiador moderno tiene el dilema de atribuir a la guerra por diferentes causas (religiosas, económicas, políticas, sociales). Es sin duda la afirmación más acertada, por mucho que los economistas, historiadores de base, sociólogos, etc, tiren hacia lo suyo, como verdad absoluta.

Pero la gran pregunta es, ¿está bien zanjar de esta manera, toda la documentación antigua que nos ha llegado para comprender que era la guerra para el griego antiguo?. Rotundamente no.

A todo ello, habría que añadirle un condicionante esencial para terminar de perfilarlo todo: la condición humana y la presión de todos los condicionantes antes expuestos. Un sino de prácticamente todas las sociedades históricas desde el polo norte al polo sur.

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